Azrael

El ángel no creado

Santi García (29/10/2020 07:40)

En el presente artículo nos adentramos en la figura de un ser que según las escrituras nunca ha sido creado, pero que existe antes incluso del Génesis. Se trata de un no ángel que es respetado tanto por el cielo como por el infierno y que tiene una misión muy especial para nosotros. Hablamos de Azrael.

Cuando hablamos de la figura de Azrael como el ángel de la muerte, su definición lleva de manera inherente a la confusión. Esta confusión radica en el desconocimiento que la gran mayoría de las personas tienen sobre la figura y el papel que juega este ángel en el universo dimensional desconocido. Al relacionarlo directamente con el momento en el que el ser humano muere, es lógico hacerlo pues con el mal, con lo maligno. Esta equivocación se debe a que nuestra tradición católica nos transmite, sobre todo en el Antiguo Testamento y después durante el Medievo, la idea y el concepto del Dios justiciero y vengativo a quien todos los cristianos deben someterse y por quien serán juzgados el día del Juicio Final. Lo cierto es que si nos ajustamos a la tradición paleocristiana del siglo IV d. C., Azrael sería un ánima llamada directamente por el mismo Dios para pasar a su servicio por toda la eternidad, sin mediar por el temeroso trance de la muerte. Según las Escrituras, Azrael es la última persona que va a morir antes de la segunda venida de Jesucristo.

Azrael el poderoso

Azrael es uno de los ángeles más poderosos de toda la creación y es tan grande su poder que ni tan siquiera Lucifer puede acercarse a las almas cuando están en la compañía del ángel. Su poder viene otorgado por Dios, un poder que impide que las fuerzas del mal influyan en las almas confundidas y recién llegadas al limbo, justo el momento idóneo para que el demonio intente hacerse con ellas y llevárselas al inframundo. Como hemos apuntado anteriormente, Azrael, el ángel que ves en la muerte, conversa en ese momento con esa alma y la convence para que le siga, acompañándola en todo momento hasta el último instante, cuando por fin será condenada o llevada hacia la luz. El alma debe aceptar ese paso sin temor y es entonces cuando debe aceptar acompañar al ángel, nunca huir de él, pues esa alma podría caer en manos de los demonios o podría convertirse en un alma errante por toda la eternidad.

A Azrael se le conocía en un principio como Azra. Según los textos antiguos, Azra o Ezra (su nombre puede ser una abreviación de Azaryahu, que significa Dios ayuda), se convierte en Esdrás en la Septuaginta (la biblia griega). Conocido durante el paleocristianismo con el nombre de Esdrás, fue el profeta que vaticinó la llegada de Cristo. La figura de Esdrás tiene un valor histórico de primer orden, ya que fue el autor del Libro de Esdrás, libro bíblico del Antiguo Testamento que se encuentra situado en la Biblia cristiana entre II Crónicas y Nehemías. Describe cómo condujo desde Babilonia a un grupo de judíos exiliados hasta Jerusalén, su hogar, en donde se dice que les obligó a la observancia estricta de la Torá, y a limpiar la comunidad judía de matrimonios mixtos. Esdrás fue un historiador que a la hora de escribir y dar fe sobre la historia de su pueblo, el pueblo judío, fue muy competente y honesto; se apoyó en unas fuentes de información que, aún hoy día, siguen siendo válidas. Esdrás (Azra) era un respetado escriba y sumo sacerdote en el periodo del segundo Templo de Jerusalén, experto escritor en lengua aramea y en hebreo, descendiente de Seraiah, un sumo sacerdote que descendía a su vez de los grandes sumos sacerdotes de Aarón. Según las crónicas paleocristianas, Azrael fue elegido por Dios para subir al paraíso sin haber probado la muerte.

Visiones de Azrael

En ocasiones se le confunde con un arcángel, pero, según la cosmogonía angélica, se encuentra por encima de todos ellos, entre ellos y Dios.

En el IV milenio antes de Cristo y durante la religión egipcia, encontramos un personaje similar a Azrael en la figura de Anubis, y en el II milenio antes de Cristo, Apofis. En Mesopotamia se le conoce como Ikcuth, y Azrael en la tradición cristiana, judía, hebrea y musulmana. A Azrael siempre se le ve como un ser justo, casi omnipotente, ya que solo responde ante Dios, y se le representa con cuatro caras y cuatro mil alas, todo el cuerpo con ojos y lenguas, tantos como habitantes haya en la tierra. Será el último en morir, borrando los nacimientos y fallecimientos en el Gran Libro en donde se apunta el destino final de esa y de todas las almas. La descripción comentada es de la tradición egipcia. El resto de las culturas hablan de una persona con unos rasgos que la hacen familiar o conocida por el alma que acaba de abandonar el cuerpo físico, unos rasgos que generan absoluta confianza, como podrían ser los de un padre, o una madre, o en todo caso las de un ser bello y con atracción para la persona fallecida, un ser que le dará confianza y tranquilidad.

La espada como símbolo

En algunas representaciones Azrael aparece con una espada. En ocasiones y en muchos cementerios hay panteones en donde podemos ver a un ángel con una espada. Muchos lo pueden interpretar como el arcángel Gabriel, el ángel que vence a Lucifer, pero con un matiz muy interesante que los diferencia. Así como la espada de Gabriel es la espada llameante, es la lucha y la victoria del bien contra el mal, la espada de Azrael representa el resultado de la justicia, de un juicio justo. Simboliza el momento en el que se comunica al alma el resultado del juicio, el momento en el que se le confirma si va a ir hacia la luz o va a errar eternamente en la oscuridad. Es el momento justo del Juicio Final.

El tercer cielo y el pozo de las almas

Dependiendo de la religión en la que aparece su figura, Azrael reside en diferentes lugares, aunque el más habitual es el Tercer Cielo, o lo que es lo mismo, la dimensión donde accedemos cuando morimos, ese limbo donde Azrael nos acoge y comienza su misión de tranquilizarnos y de protegernos. En este lugar el ángel gestiona un listado muy especial: un libro en donde anota los nacimientos y los fallecimientos y el destino final de cada uno de ellos.