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Autor de «Pongamos que hablo de Jesús»

Óscar Fábrega: «Jesús fue un líder religioso y político que luchó contra la ocupación romana y contra el colaboracionismo de la casta sacerdotal judía»

Xus JC (10/04/2017)

A casi nada de cumplir tres años, ésta es la primera ocasión en que «Al final de la escalera» dedica un artículo a Jesús. No hay ninguna razón relevante que justifique tanto tiempo sin hablar de un personaje tan importante y tan misterioso, pero sí hay una razón para romper ese «silencio», un libro: «Pongamos que hablo de Jesús».

A causa de la reciente publicación del libro, su autor, Óscar Fábrega, anda estos últimos días de presentación en presentación, de entrevista en entrevista. A pesar de ello, y muy amablemente, me ha reservado un hueco para contestar varias preguntas. Preparando la entrevista he podido imaginar la dificultad de escribir sobre un personaje del que se ha dicho casi todo y sobre el que todo siempre será insuficiente.

 

¿Por qué un libro sobre Jesús?

Por un lado, porque es un personaje apasionante, al margen de la veracidad que le demos a los relatos evangélicos que hablaron sobre él. Es cierto que existen miles de obras dedicadas a Jesús, pero creo que mi aportación es algo distinta por un motivo claro: porque combino la perspectiva académica de mi formación como historiador, apegada al método, a la evidencia documental y al análisis crítico, con mi pasión por el mundo de los enigmas históricos y el misterio. Así, no sólo aporto, espero, un estudio riguroso sobre lo que conocemos realmente acerca de este personaje, sino que me dejo seducir, siempre críticamente, por la enorme cantidad de propuestas heterodoxas que se han hecho desde otros ámbitos.

¿No te dio un poco de «vértigo» tratar un tema tan delicado?

Sí; en muchas ocasiones sí. Sobre todo porque era y soy consciente de la amplitud de este tema y de la inmensa red de ramificaciones que tiene. De hecho, dejé el libro en varias ocasiones y me centré en otros proyectos para desengancharme y esclarecer ideas. Pero también soy un amante de los retos y del trabajo de investigación documental. Me apasiona eso de tirarme una semana traduciendo un legajo del latín para que en el libro aparezca solo un párrafo (ríe).

Por otro lado, también temblé en alguna ocasión por las posibles repercusiones que podría tener este libro. Sólo hay que asomarse y ver lo que está pasando últimamente con el tema religioso en el mundo. Pero nada; al final hice valor de la debilidad.

En el libro se habla de cuestiones que ya han sido tratadas por otros autores y otros estudios. ¿Has incorporado algún tema inédito o casi inédito?

Bueno, siendo sincero, hay pocos temas que no hayan sido tratados por otros estudiosos. La novedad viene a ser, quizás, esa mezcla que comentaba antes entre lo académico y lo popular. Además, mi intención ha sido hacer de Pongamos que hablo de Jesús una especie de compendio en el que se hable con el mismo respeto e inquietud sobre la existencia histórica de Jesús y, por ejemplo, del cronovisor, de su orientación sexual o de sus posibles tumbas.

¿Has tenido que dejar fuera algún tema que te habría gustado incluir?

Sí, pero no por censura ni autocensura, sino por espacio. El libro es tremendamente voluminoso y tuve que descartar dos o tres capítulos enteros que no sabía muy bien donde colocar; por ejemplo, uno dedicado a las reliquias y otro sobre los santos lugares de Tierra Santa. Ya habrá oportunidad de continuar en otras obras.

¿A qué fuentes has acudido?

¡A muchas! Por un lado, he analizado durante meses los evangelios, canónicos y apócrifos, comparándolos críticamente. Por otro lado, he estudiado los aportes de los principales buscadores del Jesús histórico, con Antonio Piñero a la cabeza de los de nuestro país. Pero además me he leído cientos de obras y artículos sobre propuestas menos académicas y ortodoxas.

¿Cómo es el Jesús que describes? ¿En qué se parece al popularmente conocido? ¿En qué es radicalmente distinto?

A ver, creo que existen tantos «Jesuses» como personas que han escrito sobre él. Cada uno de los estudiosos que nos hemos acercado a este tema hemos ofrecido nuestra particular visión. Y eso hago yo en el libro: ofrecer mi «personal Jesus», que dirían Depeche Mode, aunque siempre especulando sobre una base documental y con la lógica como guía.

Así, creo que Jesús fue un líder religioso y político que luchó contra la ocupación romana y contra el colaboracionismo de la casta sacerdotal judía, y que planteó, como Juan el Bautista o los esenios, una revisión del judaísmo. Además, considero que su mensaje no estaba dirigido a toda la humanidad, como se afirma en los evangelios, sino a su pueblo, a los judíos. El cristianismo que ha llegado hasta nosotros, muy probablemente, fue la versión propuesta y difundida, con éxito, por Pablo de Tarso y los conversos helenistas.

¿Qué personas fueron especialmente relevantes en la vida de Jesús?

Es difícil saberlo, pero, siguiendo siempre lo narrado en los evangelios (tras analizarlos críticamente), tuvo que tener una especial importancia su madre, a la que el cristianismo posterior terminó endiosando. Pero también Juan el Bautista, su maestro, el líder de un movimiento que, de alguna manera, Jesús terminó liderando; y María Magdalena, un singular y misterioso personaje que debió tener más importancia de la que conocemos durante la vida de Jesús.

Esta semana millones de personas en todo el mundo conmemorarán la muerte y resurrección de Jesús. Tú has estudiado al personaje al margen de la fe, como es lógico. ¿Qué te inspira el creyente «convencional»?

Me inspira («duda» un momento), en primer lugar, curiosidad. Entiendo, o creo entender, por qué creen los que creen en dioses: paliar la náusea existencial, la necesidad de un orden moral suprahumano y legítimo, mantener la esperanza de que todo tiene un sentido… De alguna manera, creer con firmeza debe ser un importante apoyo para soportar la vida y entender el mundo. Pero me cuesta más comprender la devoción ciega y apegada a la letra de determinados cristianos; aquéllos que no están dispuestos a dudar ni un ápice de sus creencias ni de lo que conocen sobre el fundador de su religión, que en realidad fue Pablo. Afortunadamente, creo, son muchos más los cristianos que dudan, que se creen unas cosas pero otras no, y que están dispuestos a reestructurar su creencia si la evidencia empírica les demuestra que estaban errados.

Por otro lado, la Semana Santa es un fenómeno de lo más curioso, aunque considero que es más cultural y folclórico que religioso. Pero ese sería otro tema.

¿Cuál es, según tu opinión, la «gran mentira» contada por los evangelios canónicos? Si la hay...

La gran mentira fue culpar a los judíos de la muerte de Jesús. Quizás tuvieron algo que ver determinados jerarcas colaboracionistas con Roma, pero está claro que esto se trata de un invento con un objetivo claro: facilitar la conquista religiosa del Imperio; algo que, como sabemos, acabó sucediendo en cuestión de tres siglos.

Luego hay otras mentiras, aunque probablemente no sean culpa de los escritores de estos relatos, sino de las propias comunidades cristianas en las que vivieron. Por ejemplo, su nacimiento virginal, el episodio de los Reyes Magos, la escena de la transmutación, los milagros de la naturaleza que realizó, la resurrección y su ascensión a los cielos; aunque sean parte esencial de la creencia cristiana.

¿Acerca de qué sigues teniendo dudas? Si las tienes...

¿Sobre Jesús? Muchas dudas. Las fuentes que tenemos son escasas y sesgadas hasta tal punto que prácticamente no podemos saber nada con total seguridad. Eso sí, no dudo de que Jesús fue un hombre. Simplemente.

Dices que fue sólo un hombre; ¿un hombre extraordinario o ésa es una característica otorgada inmerecidamente?

Extraordinario, pero tampoco demasiado. Tuvo que ser un personaje con un carisma y con un don de gentes especial, característica habitual de todos los fundadores de movimientos religiosos. Pero estoy convencido de que acabó convirtiéndose en una figura religiosa de una magnitud enorme por motivos ajenos a su propia realidad histórica. Como él, en aquella época y en aquel siglo, hubo alguno más.

Esta pregunta suele hacerse al revés, pero tratándose de Jesús, ¿a quién le aconsejarías directamente NO leer el libro?

A mi madre (ríe). Bueno, en realidad se lo recomiendo a todo el mundo. Los ateos y descreídos lo disfrutarán, así como los cristianos moderados que estén dispuestos a conocer mejor el origen y la formación de sus creencias. Pero especialmente se lo aconsejo a los cristianos más apegados a la letra y al dogma. Quizás se enfaden de primeras, eso sí. Pero seguro que cuando lo acaben habrán echado, al menos, unas risas.

 

Hace muy poco que se publicó el libro y ya ha habido espacio para críticas y polémicas. Y así será siempre que cualquiera se atreva a ofrecer un punto de vista distinto sobre Jesús. A caballo entre quienes desde la fe lo consideran el hijo de Dios y quienes lo observan desde un punto de vista cultural e histórico, Jesús despierta todo tipo de reacciones salvo una: la indiferencia. La de Óscar Fábrega ha sido dedicarle mucho tiempo de investigación y 700 páginas de un libro: «Pongamos que hablo de Jesús». Como siempre, corresponde al lector decir la última palabra; en este caso, tal vez la penúltima.