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Leyenda urbana, maniobra publicitaria, conspiración...

¿Murió Paul McCartney en 1966?

Xus JC (21/04/2015)

Detroit, 12 de octubre de 1969. En la radio WKNR se recibe una llamada. El autor de la misma, que se identifica únicamente como Tom, afirma que Paul McCartney, el mítico componente de los Beatles, lleva tres años muerto. Así es como nace una leyenda que casi medio siglo después sigue viva.

La leyenda

Conocida como «PID» o «Paul is dead» (Paul está muerto), es una de las leyendas más conocidas a nivel mundial. En ella se cuenta que el 9 de noviembre de 1966, a altas horas de la madrugada, McCartney deja los estudios Abbey Road tras haber mantenido una discusión con sus compañeros de los Beatles. Es una noche lluviosa. Conduce su Aston Martin por las calles de Londres cuando observa a una chica que camina sin protección alguna contra la lluvia. El Beatle se ofrece a recogerla, ella acepta y sube al vehículo. Al principio la chica no lo reconoce, pero cuando se da cuenta de quién es el hombre que va al volante se abalanza sobre él. Esto provoca que Paul pierda el control del automóvil y se empotre contra un muro. El bajista de los Beatles pierde la vida de inmediato. En otras versiones de la leyenda hay un camión, en otras no hay chica...

Paul McCartney no podía morir

Llegados a este punto la historia se ramifica en dos explicaciones diferentes. En ambas se afirma que, en lugar de dar la noticia, se emprende desperadamente la búsqueda de un sustituto que permita ocultar la muerte de Paul. Sin embargo, mientras en una se afirma que es la discográfica la que se niega a aceptar las consecuencias (económicas) de la muerte del Beatle, en la otra son los servicios de inteligencia británicos los que, temerosos de una oleada de suicidios en masa, deciden «prolongar» la vida del recién muerto.

En ambas hipótesis encuentran a un sustituto; pero también aquí surgen dos teorías diferentes. Mientras en una el afortunado se llama William Campbell, policía canadiense supuestamente ganador de un concurso de dobles de Paul McCartney, en la otra el doble es el bajista canadiense Billy Shears. En cualquier caso, el «nuevo McCartney» se parece mucho al Paul original, aunque se llevan a cabo pequeñas operaciones que permiten camuflar las diferencias entre ambos.

«Devuélveme al hombre muerto» y otras «evidencias»

Regresemos a la llamada que comentábamos al principio. En ésta se proporciona, supuestamente, la primera evidencia de que Paul ha muerto. El tal Tom, autor de la llamada, sugiere al DJ Russ Gibb que pinche la canción «Revolution 9», pero al revés. En un determinado momento de la canción parece escucharse la frase «turn me on dead man» (devuélveme al hombre muerto). Se sugiere con ello que George Harrison, Ringo Starr y John Lennon, obligados a aceptar la presencia de su nuevo compañero y a ocultar lo que había sucedido realmente, deciden dejar pistas en sus trabajos.

A partir de ese momento se desata la obsesión de muchos fans del cantante y del grupo por encontrar nuevas pistas en canciones, portadas de discos, etc. Sin entrar a enumerar todas y cada una de las pistas encontradas a lo largo de los años (Internet está repleta de ellas), cabe destacar las portadas del álbum «Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band» (imagen 2), que supuestamente representa el entierro de Paul McCartney, y del álbum «Abbey road» (imagen 3), que sería una metáfora del funeral. También muchas frases incluidas en algunas canciones han sido interpretadas como pistas. De hecho, si antes hablábamos de Billy Shears como posible sustituto de Paul, es porque en la canción «Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band» se incluye la frase «so may I introduce to you the one and only Billy Shears...», algo así como «permítanme presentarles al grande y único Billy Shears...».

Solo una leyenda

Lo más razonable es pensar que todo esto es únicamente lo que parece ser: una leyenda urbana. Todo cuanto se afirma, contradicciones incluidas, es rocambolesco, surrealista. En cualquier caso, puestos a elegir, parece más verosímil la teoría de que la discográfica no quiso aceptar las consecuencias del accidente. Que los servicios de inteligencia se preocuparan ante una posible oleada de suicidios es muy poco creíble.

Maniobra publicitaria

Toda leyenda, por falsa que sea, tiene un origen o al menos una motivación. Y aquí vuelve aparecer la discográfica, interesada en cualquier tipo de situación que pudiera incrementar el volumen de ventas. Sin embargo, no parece que en aquellos momentos fuera muy necesario incrementar la popularidad de los Beatles, pues ésta estaba en niveles máximos. Sí es probable que esta leyenda haya podido favorecer al propio McCartney en épocas más recientes, pero esto no explicaría su origen. Así pues, aunque muchos afirman que detrás de toda esta historia pudo haber una maniobra publicitaria, el argumento no parece demasiado sólido, aunque tampoco hay que descartarlo.

Y llegaron Carlesi, Gavazzeni... y la conspiración

Fue en el año 2009 cuando la vieja leyenda dio un giro radical. Gabriella Carlesi (experta en reconocimiento craneométrico) y Francesco Gavazzeni (especialista en análisis de imágenes por ordenador) llevaron a cabo un estudio cuyos resultados daban credibilidad a la idea de que el Paul McCartney que hoy conocemos no es la misma persona que aparece en las fotografías previas a 1966.

Compararon fotografías anteriores al supuesto accidente con fotografías posteriores. Para su propia sorpresa, encontraron discrepancias relevantes en las orejas, en la curva mandibular, en la longitud de las comisuras labiales, en el punto naso-espinal o sotonasal (punto entre las dos fosas nasales donde la nariz comienza a separarse de la cara), en la estructura y disposición de los dientes e incluso en la forma del paladar.

Hasta ese momento todo habían sido conjeturas, pero ahora un estudio realizado por personas de reconocido prestigio pone en duda la autenticidad del actual McCartney. ¿Significa eso que la leyenda no es leyenda y que Paul McCartney murió realmente la madrugada del 9 de noviembre de 1966? Seguramente no.

Es muy difícil encajar todas las piezas. Dar credibilidad al informe de los italianos Carlesi y Gavazzeni incorpora a la ecuación un elemento que complica, y mucho, su resolución. La vieja historia, además de contar con contradicciones, no tiene ni pies ni cabeza; pero si en algún momento Paul McCartney fui sustituido por otra persona, ¿qué sucedió realmente?

Esto ha provocado que en los últimos años haya surgido, gracias a una investigadora española que emplea el pseudónimo «Lay Ruth», una nueva teoría que convierte la leyenda en una macabra conspiración. El joven Paul no murió en un accidente de tráfico, sino que fue literalmente «quitado de en medio» por no aceptar determinadas presiones. A primera vista puede parecer una teoría extremadamente fantasiosa, pero hay que reconocer que tiene su lógica.

Los Beatles son utilizados y Paul no traga

La teoría de la conspiración parte fundamentalmente de dos premisas: el informe Carlesi/Gavazzeni y la lógica deducción de que sustituir a McCartney no pudo ser tan sencillo. Hubo por lo tanto premeditación y planificación. Tras un accidente completamente imprevisible, sustituir a Paul habría sido imposible sin que trascendiera a la opinión pública; salvo que la discográfica dispusiera de cuatro dobles como medida preventiva. Es mucho más lógico pensar que todo formó parte de un proceso largo (negociación con McCartney incluida, a la postre infructífera) en el cual se logró convertir a un individuo parecido físicamente a Paul, y con dotes musicales, en el nuevo McCartney. Lo grave es que pasamos de un supuesto accidente a un hipotético asesinato.

Detalles desconcertantes

Además del informe mencionado, de determinadas frases en algunas canciones o de las portadas de los discos, hay otros detalles que llaman poderosamente la atención.

La actitud de McCartney y los otros Beatles. No ha habido jamás, por parte de ninguno de los componentes del grupo, ningún intento de acabar con este rumor. Se han limitado a contestar con evasivas o a emplear la ironía.

Bettina Krischbin. Esta mujer afirma ser hija de Paul McCartney. Habría nacido, según ella, fruto de la relación mantenida a finales de los cincuenta, principios de los sesenta, entre el entonces jovencísimo Paul y su madre, Erika Wohlers, una muchacha de Hamburgo. Sin embargo, las pruebas de ADN realizadas a principios de los ochenta revelarían que McCartney y la joven alemana no eran padre e hija. No obstante, Krischbin acusó más tarde a Paul de haber enviado a un doble a hacer las pruebas. Llegó a esta conclusión tras revisar los archivos y ver que quien aparecía en la foto tenía ciertos rasgos distintos a los del artista y que la firma, como al parecer lo determinó un grafólogo, había sido realizada por una persona diestra, mientras que él era zurdo.

McCartney no asistió al entierro de su padre. El 18 de marzo de 1976 falleció Jim McCartney, víctima de una neumonía. El 22 de marzo lo incineraron. Wings, grupo al que pertenecía McCartney por aquel entonces, había iniciado una gira por Europa dos días antes; ésa fue la razón «oficial» por la que no acudió al funeral.

Paul más alto que John. En las fotografías tomadas antes de finales del 1966, Paul McCartney y John Lennon tienen, aproximadamente, la misma estatura. Curiosamente, con posterioridad a esa fecha, Paul es más alto que John; no en las fotografías de estudio, pero sí en las tomadas de forma improsivada.

McCartney confiesa consumir LSD. A principios de 1977 Paul concede una entrevista en la que, para sorpresa general, confiesa consumir LSD. Hasta ese momento lo había negado.

Cambio de carácter y pérdida de talento. Se trata de una de esas pruebas que no valdría en un juicio, pero que para algunos seguidores de Paul McCartney es fundamental. El joven Paul, ese genio que una noche soñó con «Yesterday», humilde e idealista, fue «sustituido» por un McCartney sin chispa, materialista, engreído y con una considerable pérdida de talento. Se trata de una percepción extremadamente subjetiva que además puede ser explicada por el paso de los años y las secuelas del éxito; pero no por ello deja de ser un elemento a tener en cuenta.

El asesinato de John Lennon. La muerte de Lennon el 8 de diciembre de 1980 a manos de Mark David Chapman no parece, a primera vista, tener ningún tipo de relación con este asunto; pero fue inevitable que surgiera la hipótesis de que Lennon estaba a punto de contarlo todo.

Conclusión

Gabriella Carlesi y Francesco Gavazzeni pueden haber llegado a conclusiones erróneas o sencillamente haber mentido; pero si no es así, estamos ante una oscura conspiración. De hecho, la propia leyenda podría formar parte de esa conspiración. No sería la primera vez que un bulo o leyenda urbana es fabricado para engañar a la opinión pública y tergiversar la realidad.

La historia del accidente es absurda; por sí misma no tiene valor ni credibilidad. Por otra parte, las pistas en las portadas de los discos están claramente forzadas. Quienes han buscado esas pistas lo han hecho con una predisposición que anula por completo la validez de cualquier resultado. Lo mismo podríamos decir de las frases en las canciones, sobre todo de aquellas que se han encontrado escuchando la canción en sentido contrario, circunstancia en la que se puede acabar escuchando cualquier cosa.

Es el informe Carlesi/Gavazzeni el que reconfigura el puzle y complica las cosas. A estas alturas, dando por válido el informe y a falta de poder incorporar más información, todo apunta a que «alguien» pretendió utilizar al fenómeno musical del momento con algún fin del que uno de sus componentes, Paul McCartney, se negó a formar parte. ¿Manipulación de masas? ¿Incitación al consumo de drogas? ¿Obstrucción a posibles revueltas sociales? Es posible. A día de hoy es complicado regresar a aquel momento y entender a qué aspiraba aquella sociedad y en qué se ha convertido a lo largo de todo este tiempo. Tal vez ahí esté la clave.

Queda una última opción: que ninguna de las hipótesis, leyenda incluida, se ajuste a la verdad. En ocasiones los elementos se combinan caprichosamente hasta lograr que las cosas parezcan lo que no son. Como cuando un individuo es acusado injustamente de asesinato porque su única coartada lo sitúa en un lugar en el que no tendría que haber estado. Quién sabe si en la última pieza de este puzle, todavía no encontrada o convenientemente guardada, se encuentra la respuesta definitiva.

 

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