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El hombre con dos caras (Inglaterra, siglo XIX)

Edward Mordrake, tras las huellas de una leyenda

Xus JC (22/04/2019)

«Pero en la parte posterior de su cabeza había otra cara, la de una hermosa niña, encantadora como un sueño, horrible como un demonio». Esta extraña e inquietante afirmación forma parte de un texto incluido en Anomalies and Curiosities of Medicine (Anomalías y curiosidades de la medicina), un libro escrito por dos médicos norteamericanos, George M. Gould y Walter L. Pyle, cuya publicación en 1896 daría inicio a la leyenda de Edward Mordrake, el hombre con dos caras.

Acostumbra a decirse que todas las leyendas esconden en su origen personas, lugares y hechos reales que el tiempo y la tradición se han encargado de distorsionar. En algunas ocasiones es relativamente fácil acceder a la historia primigenia; en otras, en cambio, todo es extremadamente confuso por la falta de información o por la lejanía en el tiempo. La de Edward Mordrake (o Mordake) ha sido considerada durante mucho tiempo una historia real; y aunque no es imposible que lo sea, no está de más separar lo que se puede afirmar, lo que conviene descartar y aquello que inevitablemente queda para la especulación y la leyenda.

Anomalies and Curiosities of Medicine

La condición de libro escrito por médicos incita a conceder veracidad a lo que en él se dice sobre Mordrake. Pero no nos engañemos, hay razones de peso, no sólo para poner en entredicho la historia, sino para afirmar sin reparos que hay aspectos concretos que no podemos dar por válidos con los conocimientos actuales. Entraremos en ello, pero antes recordemos qué dicen Gould y Pyle sobre nuestro desdichado protagonista.

Según el texto, el joven Edward Mordrake, además de guapo e inteligente, era el heredero «de una de las dignidades más nobles de Inglaterra». Sin embargo, a los veintitrés años de edad, perseguido por la angustia y sumido en la desesperación, decidió suicidarse. El origen de su tormento no era otro que haber nacido con dos caras, una completamente normal y otra que ocupaba «sólo una pequeña porción de la parte posterior del cráneo». Ésta, de aspecto femenino, hablaba entre dientes y seguía con los ojos a quienes la miraban, todo ello al margen de la voluntad de Edward, de cuyo sufrimiento se burlaba y al que por las noches atormentaba hablando de cosas «que sólo se hablan en el infierno». Edward, convencido de ser la víctima de una especie de maldición familiar, logró envenenarse tras dejar escrita su voluntad de que la «cara de demonio» fuese destruida antes de su entierro y evitar así que continuara susurrando en la tumba.

Buscando al auténtico Mordrake

Teniendo en cuenta que el relato sitúa a nuestro protagonista a mediados del siglo XIX y que la obra de Gould y Pyle fue publicada en 1896, se antoja imposible poder demostrar la existencia de Edward Mordrake. Sin fuentes fiables al margen de la ya mencionada, tampoco parece sensato descartar que la leyenda pueda tener un origen real, por lo que nos queda una opción más razonable que satisfactoria: analizar el relato y, con los conocimientos actuales, determinar qué partes del mismo son verosímiles y cuáles no.

La primera pregunta es evidente e inevitable: ¿es posible que un ser humano tenga dos caras? La respuesta es afirmativa. La diprosopia es una anomalía congénita caracterizada precisamente por proporcionar un segundo rostro a la persona que la padece. Éste puede contener todos los elementos habituales en una cara o disponer tan sólo de algunos, pero podemos realizar ya el primer descarte: en absoluto dispone de nada parecido a una voluntad propia y ajena a la persona. En cambio, sí puede manifestar movimientos involuntarios, como tics, posiblemente acompañados de sonidos. ¿Era esto lo que le sucedía a Mordrake? Es posible; tanto como que esos movimientos y sonidos involuntarios lo atormentaran. Que ese «otro yo» disfrutara haciéndole la vida imposible sólo cabe en la leyenda, aunque no podemos descartar que el verdadero Edward lo creyera.

Es importante no confundir la diprosopia con los gemelos siameses. Éstos son dos embriones que no acaban de separarse completamente y que, si llegan a nacer, lo hacen unidos por alguna parte de su cuerpo. En la diprosopia, causada por la alteración de la proteína SHH, hablamos de un único embrión; es decir, de un único individuo. Segundo descarte: la segunda cara de Mordrake no podía tener un sexo distinto al del resto del cuerpo, es decir, no podía ser femenina. Esto, aunque ha sido empleado como argumento por quienes afirman que Edward nunca existió, no es relevante. Determinar si un rostro es masculino o femenino puede llegar a ser muy complicado en algunas ocasiones; en el caso que nos ocupa todavía más, pues hablamos de una malformación. Sus allegados, o él mismo, pudieron creer que el rostro era femenino. También es muy probable que este detalle sea tan sólo parte de la leyenda.

Aunque la diprosopia existe, hay que apuntar que los casos conocidos, tanto en animales como en personas, vienen acompañados de una esperanza de vida muy corta (días, semanas...). Según el relato que estamos analizando, Mordrake acabó con su vida alcanzada la edad de veintitrés años, por lo que estaríamos hablando de un caso realmente anómalo y extraordinario que, aun así, no podemos descartar.

Es muy importante resaltar que las conclusiones expuestas parten de los conocimientos científicos actuales. No sería la primera vez que nuevos descubrimientos acaban por avalar historias marcadas hasta ese momento como imposibles. Entre otras cosas, hablamos de diprosopia, pero ¿podría ser otra la explicación? Improbable, no imposible.

La fotografía

Circula por Internet la que pretende ser una fotografía del auténtico Edward Mordrake (la ilustración que acompaña a este artículo está inspirada en la misma). Es falsa. Con toda probabilidad se trata de una representación en cera del personaje. Para sentenciar que no puede ser una instantánea del Edward real, basta con observar su calidad, excesiva para la época (primera mitad del siglo XIX).

Las fuentes

Por desgracia no es mucho lo que podemos hacer para hurgar en las fuentes que emplearon Gould y Pyle. Un año antes de su publicación fue el escritor Charles Lotin Hildreth quien publicó un artículo en el Boston Post, con escaso o nulo rigor científico, hablando de Mordrake y de otros casos de extrañas malformaciones en seres humanos. No tenemos más, y es francamente poco.

Símbolo de un drama humano

Podemos concluir que ésta es una historia prácticamente condenada a no pasar de leyenda. Sin embargo, nos recuerda que a lo largo de la historia muchos hombres y mujeres han vivido condenados a la marginación a causa de malformaciones que en otras épocas, sin los conocimientos actuales, eran interpretadas mediante todo tipo de supersticiones. Es conocido el hecho de que algunas de estas personas optaron o se vieron obligadas a trabajar en teatros y circos donde sus deformidades se convertían en espectáculo. Otros permanecieron escondidos para evitar su propia vergüenza y la de sus familias.

¿Fue Edward Mordrake una de estas personas? A diferencia de casos contrastados (y reales sin margen de duda), como el de Joseph Carey Merrick (el «hombre elefante»), de Mordrake sólo podemos afirmar que pudo existir. Aun así, su leyenda sirve para rescatar un auténtico drama humano cargado de incomprensión y soledad.

 

Imagen: dibujo realizado a partir de la imagen que durante mucho tiempo ha sido considerada como la fotografía del auténtico Edward Mordrake, aunque con toda probabilidad corresponde a un busto en cera realizado para representar al personaje.

 

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