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Santa Fé (Nuevo México)

La escalera de San José

AFDLE (24/05/2014)

En la ciudad de Santa Fe, capital del estado norteamericano de Nuevo México (imagen 2), se encuentra la que hasta el año 1971 fue la capilla de «Nuestra Señora de la Luz». Su historia se remonta hasta finales del siglo XIX, momento de su construcción e inicio de una de las leyendas (milagro para muchos) más bonitas que se pueden escuchar a lo largo de todo el mundo.

Hay que retroceder hasta el año 1853, cuando cinco monjas misioneras llegaron a Santa Fe procedentes de Kentucky. En realidad, aquel larguísimo y penoso viaje (de varios meses) lo habían iniciado siete hermanas, pero una epidemia de cólera acabó con la vida de una de ellas e hizo que otra tuviese que regresar. La misión de las religiosas (hermanas de Loreto) no era otra que la de, a petición del obispo, crear una escuela para los niños del lugar.

Veinte años despúes, en 1873, el obispo Jean Bapiste Lamy quiso construir una capilla, satisfecho como estaba de la labor realizada por las monjas. Sería la capilla de «Nuestra Señora de la Luz». Para ello contrataría al arquitecto francés Antoine Mouly, quien acompañado por su hijo Projectus Mouly inició el proyecto. Cinco años después, la capilla estaba construida; sin embargo, su arquitecto había muerto sin resolver un curioso y desconcertante problema. No había ninguna escalera que comunicara la capilla y el coro, situado a casi siete metros de altura. La solución, sencilla a priori (construir una escalera), no lo era en absoluto. No había espacio para construir una escalera sin dañar gravemente tanto la estética como la funcionalidad de la capilla.

No fueron pocos los intentos de las hermanas por encontrar a quien fuese capaz de construir la escalera. Arquitectos y carpinteros hicieron cuanto pudieron por resolver aquella absurda y comprometida situación. Fue en vano. La solución siempre pasaba por ocupar una parte enorme de la capilla, derribar el coro o, simplemente, usar una escalera de mano. Ante aquella situación las hermanas optaron por recurrir a San José. Siendo carpintero el esposo de María, ¿quién mejor que él para deshacer aquel entuerto? Para ello decidieron rezarle una novena.

Llegado el noveno día la capilla recibió una extraña visita. Un hombre de pelo canoso y barba poblada se dirigió a la hermana Magdalena, superior de la orden. Venía acompañado de un burro cargado con las herramientas típicas de un carpintero. Sí; llegaba con la intención de construir esa escalera que traía de cabeza a las hermanas. Para ello ponía únicamente dos condiciones: que no se revelara su nombre y que se le dejara trabajar con absoluta privacidad.

No hay acuerdo en determinar si fueron tres o seis los meses que transcurrieron hasta que aquel hombre dio por finalizada su obra. Pero lo cierto es que las monjas quedaron maravilladas con la escalera que había construido aquel extraño carpintero: una espectacular escalera de caracol que daba dos vueltas completas desde el suelo hasta enlazar con el coro ocupando un espacio mínimo (imágenes 1 y 3). Su problema estaba resuelto. Aquella capilla, que les había llenado de ilusión al principio para posteriormente adentrarlas en la preocupación y el desconcierto, era por fin el lugar ideal donde proseguir su obra.

Habrían querido agradecer (y pagar) a aquel extraño viajero el excelente trabajo que había llevado a cabo. No fue posible. Desapareció por completo sin dejar rastro. Las hermanas, que habían recurrido a su Fe para resolver el problema de la escalera, no tuvieron entonces dudas: aquel hombre era San José. Su aspecto, su sencillez, el enigmático modo de llegar y marcharse y, desde luego, su obra, convencieron a aquellas religiosas de que solo el marido de María y padre de Jesús podía haber obrado aquel milagro y comportarse de aquel modo.

Más de un siglo después la escalera sigue ahí, aunque no conserva su aspecto original, ya que inicialmente no disponía de barandilla. Fue el artesano Philip August Hesch quien la agregó en 1887. Pero, además del misterio que rodea a su constructor, ¿qué tiene de especial esta escalera?

Está construida sin clavos ni pegamento o cola de ningún tipo; su estructura se compone única y exclusivamente de piezas de madera ensambladas; no dispone de ningún tipo de soporte o columna central que sirva de apoyo a los escalones; la madera empleada corresponde a una abeto que no existía en la zona; y, por añadir un poco más de misterio, dispone de treinta y tres escalones, edad de Jesús cuando murió.

Han sido muchos los carpinteros, arquitectos o ingenieros que han visitado la capilla y han podido observar su escalera. Explicaciones parciales a cómo se pudo construir las ha habido, pero siempre acompañadas de una sincera admiración hacia una obra increíble; sobre todo si tenemos en cuenta la época en que fue construida. Sea obra divina o humana, dice mucho de la extraordinaria habilidad e ingenio de quien la hizo.

Hay fuentes que atribuyen la construcción de la escalera al carpintero alemán Johann Hadwiger; sin embargo, su bisnieto, Oscar Hadwiger, afirmó que no había evidencia alguna al respecto. Por su parte, la historiadora local Mary Jean Straw Cook especuló acerca de la posibilidad de que el autor de tan impresionante obra fuese el artesano francés François-Jean Rochas, asentado en Nuevo México y seguidor de la escuela Eiffel. Ninguna de las dos opciones es definitiva. El misterio, al menos hasta hoy, sigue abierto.

La Iglesia no ha tenido nunca una postura oficial al respecto. En la actualidad ni tan siquiera es propietaria de la capilla, convertida en museo tras ser desconsagrada y vendida en 1971, tres años después de que se cerrara la escuela. Hoy el edificio se financia mediante el alquiler para la celebración de bodas y recibe la visita de miles de personas.

En 1997, la cadena CBS produjo una película titulada “Milagro en Santa Fe” (The starcaise) para su estreno en televisión (imagen 5), protagonizada por el conocido actor William Petersen (Gil Grissom en CSI Las Vegas). El argumento de la película está basado en la historia que aquí contamos.

Milagro para muchos, leyenda para otros y únicamente una bonita historia para los más escépticos, la escalera de San José es, en cualquier caso, una de esas historias que cada cual puede y debe completar según sus creencias, sus sensaciones, sus convicciones o, simplemente, su capacidad de soñar. Si tenéis la posibilidad de visitar la ciudad de Santa Fe, no olvidéis entrar en la vieja capilla de «Nuestra Señora de la Luz». Y sobre todo, no olvidéis contárnoslo.

 

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