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Investigación

La cueva que nunca fue construida

Xus JC (12/03/2018)

El misterio me ha llevado a visitar lugares que de otro modo difícilmente habría conocido; lugares extraños a los que uno acude con la esperanza de tropezarse con su parte más mágica y misteriosa. Sin embargo, la cueva protagonista de este artículo y del vídeo que lo acompaña no está entre esos lugares. Éste fue en mi infancia uno de esos rincones a los que poder ir de excursión con la merienda en la mochila, acompañado de buenos amigos y con la predisposición a convertirlo todo en aventura. Quién iba a imaginar entonces que muchos años después, junto a la merienda (que es tontería perder las buenas costumbres), irían la grabadora, la videocámara y la cámara fotográfica. Aunque, todo hay que decirlo, aquel niño siempre apuntó maneras.

Pasó muchísimo tiempo entre aquellas entrañables excursiones y la primera vez que acudí al lugar para que pudieran conocerlo mi mujer y mis hijos. Como es lógico, aquella primera visita después de tantos años provocó en mí sensaciones y reflexiones muy diferentes a las que recordaba. Comencé a preguntarme si la cueva era únicamente obra de la naturaleza o si el ser humano, en alguna lejana y olvidada época, la acondicionó y utilizó para algún fin. Es una cueva muy pequeña que apenas puede protegerte de la lluvia; pero su forma, que recuerda inevitablemente a un santuario, levanta la sospecha de que pudo ser empleada hace mucho tiempo con algún fin ritual. Y digo mucho tiempo porque nadie en el pueblo recuerda que la cueva tuviese utilidad alguna, salvo la de guarecerse.

Aquél fue un lugar muy transitado hasta bien avanzado el siglo XX. Todavía es posible encontrar restos de lo que en su día fueron corrales para el ganado o muros de contención que servían para improvisar campos de cultivo en un terreno pedregoso y escasamente fértil. Son los restos de un estilo de vida que parece lejano y del que sin embargo apenas nos separa medio siglo. No es un camino difícil de recorrer; no si no tienes que hacerlo conduciendo una mula cargada de leña; no si no eres un niño de diez o doce años en plena noche; no si no tienes que hacerlo bajo la lluvia o la nieve. Y sí, hace no tanto tiempo ese tipo de situaciones era frecuente. Los ancianos relatan cómo, de regreso hacia el pueblo, ya de noche, los árboles, las rocas y la luz de la luna dibujaban extrañas formas que su imaginación de niño convertía en terribles monstruos y fantasmas. Y la cueva, la «dichosa» cueva que muchos no se atrevían ni a mirar.

Como decía, en mi última visita cargué con las herramientas básicas de eso que la mayoría acostumbra a llamar investigación paranormal y que yo, a estas alturas, no tengo ni idea de cómo definir. Tras unos minutos en la cueva, pedí a mis acompañantes que siguieran por el camino hasta la cima, que me dejaran solo. Esperé unos minutos hasta estar seguro de que la distancia recorrida era suficiente para no contaminar mis grabaciones. La mayoría de las preguntas formuladas obtuvieron el silencio como respuesta; al menos humano (o lo que sea), porque una mosca tuvo el detalle de hacerme compañía durante toda la grabación. Sin embargo, sí hubo respuesta para tres preguntas: «Cómo se llama este lugar», «Cuándo fue construido», y «Para qué se utilizaba este lugar». La contestación a las dos últimas preguntas se puede escuchar en el vídeo; la primera bastante clara, aunque muy débil; la segunda, aunque yo sí creo entender algo, la dejo al criterio de cada uno. Por cierto, responden dos voces distintas diciendo lo mismo, aunque en el vídeo únicamente aparece transcrita la segunda (la otra apenas puede escucharse).

¿Y qué pasa con la primera? Pues dos cosas. En primer lugar, que es muy débil y realmente difícil de escuchar. En segundo lugar, que es una de las grabaciones más impactantes que he obtenido nunca. Mi pregunta fue acerca del nombre de la cueva; sin embargo, la respuesta fue el nombre del pueblo. Y ese nombre no es precisamente un monosílabo. Dicho de otro modo, esa contestación es lo que es: una respuesta inteligente y directa a mi pregunta. No hay lugar para el error. Con la intención de evitar visitas al lugar poco deseables, la grabación se queda en el archivo. Yo seguiré escuchándola una y otra vez, porque me sigue pareciendo increíble.

Mi próximo regreso será de noche. No sé si en la próxima grabación aparecerán respuestas, pero al menos me servirá para viajar en el tiempo e imaginar a aquellos niños. Y, quién sabe, a lo mejor me tropiezo con alguno de sus fantasmas.

 

Este artículo ha sido publicado previamente en el canal de Vestigium de lareddelmisterio.com (07/03/2018).

 

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