Javier Mina (Berenice)

En busca de la inmortalidad: radiografía de un sueño

Jorge Barroso Castilla (21/11/2019 23:15)

Siempre nos hemos preguntado (unos más que otros, sí, pero todos) cuál es el significado real de nuestra existencia. Por qué nos comportamos cómo lo hacemos; y cuál es nuestro destino final en esta frágil y, según muchos, breve vida. Hace ya algún tiempo leí un libro sobre la información genética que poseemos todos. Un libro fascinante, se lo aseguro. Pero no toca hoy hablar sobre ese libro, sino de otro. El caso es que, según aquel libro, escrito por un prestigioso científico, la función principal de todas y cada una de la células, de las que estamos hechos, no es otra que la de dividirse y procrear. Es decir: conseguir sobrevivir aunque sea a través de otro ser. Desde entonces, este tema me fascina y he estado buscando más información a través de diversos trabajos. Eso sí, todos serios. Y en estas estaba cuando, un buen día, entrando en mi habitual librería de Almería, y sin buscar nada en especial, simplemente por echar un vistazo (he de decir que de esa manera he encontrado verdaderas joyas), mis ojos se posaron sobre un libro de lo más llamativo. Lo era por su título como por su portada. Enseguida lo cogí para ver mejor el enfoque que le daba el autor sobre un tema más que fascinante y que enseguida relacioné con lo anteriormente expuesto. La portada me mostraba un dibujo donde un hombre, algo mayor, coge con una mano una gran lona y deja ver tras él un enorme cuadro de un joven apuesto. Efectivamente, la imagen evoca rápidamente a la gran obra de Óscar Wilde El retrato de Dorian Grey (1890), el clásico del terror gótico. El titulo del libro lo decía todo: EN BUSCA DE LA INMORTALIDAD, radiografía de un sueño. Un esclarecedor ensayo sobre el principal anhelo del ser humano desde el albor de los tiempos. Su autor: Javier Mina, licenciado en Literatura Comparada por la Universidad de París (Sorbona). He de decir que el autor ya tiene varios libros publicados, destacando El dilema de Proust, un ensayo sobre el paseo en la historia y la literatura universales, publicado por la misma editorial que este otro, Berenice, en 2015. Comprobado el enfoque dado y tras leer uno poco, decidí que ese libro debía llevármelo para disfrutar de su lectura.

Tal y como pone en su contraportada, el autor se adentra en el anhelo universal por antonomasia para desgranar su reflejo en los campos más diversos del conocimiento e indagar en sus múltiples implicaciones. Con su contagiosa erudición (doy total fe de ello) y su proverbial facilidad para acercar al lector los conceptos más intrincados, el resultado es un libro imprescindible que revela conclusiones sorprendentes e invita a la reflexión. Y es que la inmortalidad, o mejor dicho el sueño de la inmortalidad, tal y como nos revela Javier Mina, vertebra las sociedades humanas desde que existen como tales… Y no porque constituyan su fundamento político, que también, al menos en aquellas que se declaran confesionales habida cuenta de que prácticamente todos los credos religiosos la tienen como valor troncal (ser bueno en lo político ayuda también a garantizarse la vida eterna), sino porque juguetea con el imaginario humano desde que el tiempo es tiempo. Y, al hacerlo, y siguiendo las palabras de Javier, ha ido generando conductas, en su mayor parte de adhesión y otras —mucho más minoritarias— de rechazo, que convertirán la historia humana en un totum revolutum dramático, debido tanto a la oposición entre partidarios y contradictores de la vida eterna como a la que se produce dentro de cada una de ambas corrientes. Y es que no todas las inmortalidades son idénticas. El mundo gira y las creencias chocan y se revuelven… La inmortalidad es como una guinda que tira de un rosario de implicaciones evidentemente religiosas, pero también políticas, sociológicas, literarias y científicas. Según el autor, no parece descabellado suponer que la idea de inmortalidad surge como un acto de rebeldía (esto me encanta) frente a la certeza de la duración limitada. Bien pudo haber ocurrido que los humanos más incipientes intuyeran la inmortalidad desde el mismo momento en que concibieron la muerte como si de un sueño eterno se tratara, y que acuciados por la idea de perecer (nada extraño en unos tiempos donde la esperanza de vida era muy corta), aquellos seres frágiles y breves pudieron contemplar la muerte como un descanso. Pero en cuanto la mochila de la inmortalidad se abatió sobre los hombros humanos, adquirió vida propia.

A través de la páginas del libro, se verá que no han sido pocos los que han buscado o querido alcanzar la inmortalidad en vida. El primer caso del que tenemos constancia es el que se considera el primer texto literario de la humanidad, El poema de Gilgamesh, cuya composición se sitúa entre el 2.500 y el 2.000 a.C. También nos habla de que vivir mucho y joven constituye una aspiración ampliamente extendida, y por eso se ha hablado o buscado desde muy antiguo elixires de la eterna juventud, y que en la actualidad adopta la forma de suplementos alimentarios, dietas milagro, ejercicio, cirugía o cosméticos que nos hagan perder las arrugas. Pero vivir mucho, como dice Javier Mina, no significa vivir para siempre. O sí. La inmortalidad científica se está imaginando desde campos bien dispares como la neurología, la cibernética (la llamada inteligencia artificial), la medicina, farmacología… o incluso desde la física teórica o la física aplicada, como la nanorrobótica o la crionización. De hecho, ya existe una fecha para construir un ser lo más parecido a un inmortal: en 2050, o como mucho para finales del siglo XXI. Según Raymond Kurweil, un ingeniero norteamericano especialista en IA, los descubrimientos científicos y tecnológicos avanzan en forma exponencial, y confía en obtener (por esas fechas) una inteligencia superior a la biológica, y que en la década de 2040, la mayor parte de lo que habrá en nuestros cerebros no será biológico, sino que serán como los ordenadores actuales, aunque más potentes, claro. Mucho más potente…

No obstante, hoy día la inmortalidad es más buscada por elementos tales como la estirpe o la fama. Ya lo dijo hace miles de años el bueno de Gilgamesh cuando regresó a la ciudad de Uruk tras buscar la inmortalidad, y es que «vivirá en la memoria de las gentes gracias a la ciudad que mandó construir y que, ella sí, vencerá al tiempo».

El caso es que es un tema fascinante, y que el libro es un maravilla. Muy bien escrito y con una gran dosis de humor que lo hace aún más leíble. Y es que tal vez este sea el mayor de los misterios de la humanidad, el anhelo por perdurar, por ser recordado, por dejar descendencia… y, nuestro ADN lo busca ansiosamente, es su fin mayor, su máxima prioridad, y por ello, inconscientemente, tratamos, dirigidos por nuestros genes, de buscar, sea como sea, ese sueño llamado inmortalidad.