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Asesinato de la familia DeFeo

El otro enigma de Amityville

Xus JC (26/05/2017)

El catorce de enero de 1976 la familia Lutz abandonaba la casa situada en el 112 de Ocean Avenue en Amityville, Long Island, Nueva York. Habían transcurrido tan sólo veintiocho días desde su llegada, pero afirmaban que en el interior de la vivienda se producían fenómenos paranormales de tal magnitud que habían llegado a temer por su vida. Aunque apareció muy pronto la sombra del fraude, la «casa con ojos» de Amityville es desde entonces la casa encantada más famosa del mundo.

Lo que sucedió, supuestamente, durante esos veintiocho días es sobradamente conocido. En 1977 se publicaba la novela «The Amityville horror» («Terror en Amityville» o «Aquí vive el horror»), escrita por Jay Anson, en la que quedaba plasmado el testimonio de la familia Lutz. Dos años después, en 1979, se estrenó la película basada en el libro; algo que sin duda contribuyó a extender la fama de la casa más allá de los Estados Unidos. Desde entonces la historia se ha reproducido una y mil veces en artículos de prensa, documentales, programas de radio y televisión, etc.

Pero hay que retroceder hasta el trece de noviembre de 1974 para determinar el momento en el que el 112 de Ocean Avenue salió del anonimato. Era ya de noche cuando saltó la noticia; en el interior de la vivienda habían sido asesinadas seis personas: Ronald DeFeo, de 43 años, su esposa Louise, de 42, y sus hijos Dawn, Allison, Mark y John, de dieciocho, trece, doce y nueve años respectivamente. Sólo seguía vivo un miembro de la familia, Ronald DeFeo Jr., quien en muy poco tiempo pasó de estar bajo la protección de la policía a ser el único sospechoso.

Ronald DeFeo, conocido como Butch, confesó haber asesinado a toda su familia tan sólo un día después de los hechos, el día catorce. En el juicio, que duró desde el catorce de octubre hasta el veintiuno de noviembre de 1975, DeFeo afirmó haber cometido el asesinato bajo la orden de voces que escuchaba en su cabeza. Ésa fue la estrategia que él, su abogado defensor, William Weber, y el psiquiatra de la defensa, Daniel Schwartz, emplearon para reducir la condena. Sin éxito, pues Ronald fue condenado a veinticinco años de reclusión por cada uno de los asesinatos. En la actualidad, ya cumplidos los sesenta y cinco años, sigue en prisión.

No existen dudas acerca de la autoría de los asesinatos por parte de Ronad DeFeo Jr.; sin embargo, hay una serie de detalles que no son muy conocidos y que enturbian todavía más este feísimo asunto.

Aunque es una idea bastante extendida, Ronald no reconoció ser el asesino inmediatamente. Se pasó todo el trece de noviembre (los asesinatos se produjeron la madrugada de ese día) simulando el intento de localizar a su familia. A las 18:30 horas entró en el Henry´s Bar de Amityville visiblemente alterado y pidiendo ayuda. En un primer momento la policía mordió el anzuelo creyendo los temores de Ronald, que no eran otros que sospechar que Louis Falini, asesino a sueldo de la mafia, había atacado a su familia. De inmediato lo trasladaron a la estación de policía local para poder protegerlo, pero muy pronto descubrieron que sus explicaciones no acababan de encajar. Fue al día siguiente, el catorce, cuando confesó ser el autor de la masacre.

La confesión del catorce de noviembre no es la única que Ronald DeFeo hizo acerca de lo sucedido. En 1986, durante una entrevista, acusó a Louise, su madre, de ser la autora de los disparos; pero esta afirmación fue calificada de inmediato como absurda. En 2002 se publicaba el libro «The Night the DeFeos Died» («La noche que murieron los DeFeo»), de Ric Ousna, donde DeFeo involucra en los asesinatos a su hermana Dawn y a dos amigos. Según esta confesión, la intención de Dawn y Ronald era acabar con sus padres, pero cuando Ronald vio que su hermana liquidaba a sus hermanos para eliminar testigos, se enfureció y la mató.

Que un acusado y condenado por asesinato cambie una y otra vez la versión de los hechos es tan habitual como desesperante. Lo razonable es pensar que DeFeo sólo tuvo la intención de enredar y, en la medida de lo posible, mejorar su imagen y obtener algún beneficio que aliviara su condena. Sin embargo, hay una serie de detalles que, si no en su totalidad, podrían dotar de cierta relevancia a la confesión en la que indica no haber actuado sólo la madrugada del trece de noviembre de 1974.

Ninguno de los vecinos escuchó absolutamente nada; pero el rifle Marlin 336C empleado en los asesinatos no había sido equipado con silenciador según la investigación policial. Salvo que todos los vecinos tuvieran un sueño anormalmente profundo, algo no encaja. Hablamos de ocho disparos no simultáneos, dos a cada uno de los padres y uno a cada uno de los cuatro hermanos. La policía se sorprendió desde el primer momento por la rapidez con que se habían ejecutado las seis muertes e indicó la posibilidad de que hubiera más personas implicadas.

La «facilidad» con la que Ronald mató a sus padres y a sus hermanos siempre se ha asentado sobre la hipótesis de que los sedó durante la cena; pero no se encontraron evidencias del sedante en ninguna de las víctimas. A pesar de no estar sedados, todos los cuerpos fueron encontrados boca abajo en sus camas, es decir, no habían escuchado los disparos. Una vez más, algo no encaja.

El detalle más controvertido apareció en el camisón de Dawn, donde se encontraron restos de pólvora. Esto, que apunta a que pudo disparar un arma, encajaría con la acusación de Ronald. Sin embargo, habían pasado casi veinte años cuando el libro en el que aparece esta revelación fue publicado y no hubo ningún tipo de investigación al respecto.

Según la sentencia, el móvil del crimen giraba en torno a un seguro que los DeFeo tenían contratado y que Ronald pretendía cobrar. También se habló del dinero en metálico que podía haber en una caja fuerte dentro de la casa. A esto hay que añadir que padre e hijo tenían una relación muy tensa y que Ronald Jr. consumía heroína y LSD. ¿Suficientes argumentos para ejecutar una masacre de tal magnitud? Según algunos investigadores, no; según otros, sí.

George y Katty Lutz decidieron comprar la casa en la que un año antes Ronald DeFeo había asesinado a toda su familia. El precio estaba por debajo de lo habitual en una casa así y entendían que lo sucedido no tenía por qué afectarles de ningún modo. Sólo pudieron soportar veintiocho días; ésa es su versión. Pero muy pronto surgió la sospecha de que George Lutz y Jay Anson, autor del libro que relata lo sucedido durante esos veintiocho días, urdieron un montaje perfecto que les permitió ganar mucho dinero. Desde ese momento las opiniones se dividieron entre quienes consideraban a los Lutz unos estafadores y quienes creían su relato.

Existe una línea de investigación que mantiene que William Weber, abogado de DeFeo, y el propio George Lutz montaron el entramado para beneficiarse mutuamente. Mientras los Lutz podían ganar dinero con la publicación del libro, Ronald DeFeo podría ver reducida su condena argumentando haber sido influenciado por «las voces de la casa». Como en tantas otras ocasiones, la que presume de explicación racional es casi tanto o más increíble que la paranormal. En primer lugar parece un poco aparatoso comprar una casa con la intención de abandonarla un mes después presuponiendo que libro y película iban a ser un éxito. Imposible no es, improbable sí. Pero lo que no tiene ningún sentido es pensar que esto podía beneficiar a DeFeo. Sobraba con alegar demencia, como de hecho se hizo, sin necesidad alguna de inventar un poder maligno. Convencer a juez y jurado de que Ronald había perdido la cabeza era bastante más sencillo que basar la defensa en una casa maldita construida sobre un cementerio indio. Imposible, casi; y muy improbable.

Para hablar de los Lutz hay que hablar de los DeFeo y viceversa. Dos familias con una conexión evidente, la casa, pero que según algunos investigadores va más allá. Sin entrar a valorar si los Lutz contaron la verdad, exageraron o directamente mintieron, lo que sí parece evidente es que en el origen de toda esta historia hay detalles que no acaban de encajar. A medida que pasan los años se van desvaneciendo las probabilidades de que algo o alguien arroje luz sobre lo sucedido la madrugada del trece de noviembre de 1974. Acerca del «asunto Amityville» sólo se puede afirmar con total seguridad que seis personas fueron asesinadas. El resto, la supuesta maldición de la casa, las voces que Ronald dijo escuchar, el cementerio indio, la conexión con Salem a la que algunos apuntan y el resto de teorías, incluido el fraude, quedan para la especulación y la leyenda.

 

Quien esté interesado en conocer más detalles acerca del asesinato de los DeFeo puede acudir a la web criminalia.es, fuente de parte de la información aquí expuesta. No se han incorporado aquí para no extender más el artículo.

 

Imágenes: (1) agente de policía en el exterior de la casa; (2) Ronald DeFeo Jr. detenido; (3) mancha de sangre en la cama de una de las víctimas; (4) retirada de los cuerpos de las víctimas; (5) vista aérea de la casa en los años setenta; (6) la casa en la actualidad; (7) portada del «Daily News» el 14/11/1974; (8) cartel publicitario de la película de 1979.

 

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