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Entrevista al doctor Miguel Ángel Pertierra

Dr. Miguel Ángel Pertierra: «Tardaremos más o tardaremos menos, pero llegaremos a saber lo que sucede durante una ECM»

Xus JC (15/06/2017)

Si no me falla la memoria, cosa posible, fue en el programa de radio «Espacio en blanco», dirigido y presentado por Miguel Blanco en RNE, cuando escuché por primera vez al doctor Miguel Ángel Pertierra. Me sorprendieron de inmediato la sencillez y la normalidad con la que un profesional de la medicina hablaba de las ECM (experiencias cercanas a la muerte). Desde entonces han sido muchas las ocasiones en las que he podido volver a escuchar sus siempre interesantes explicaciones en conferencias, entrevistas y, cómo no, en sus recurrentes intervenciones en el programa de televisión «Cuarto Milenio».

Hace ya bastante tiempo que me rondaba por la cabeza «traer» al doctor Pertierra a «Al final de la escalera»; invitación que, una vez realizada, fue amablemente aceptada. Y encontré exactamente lo que esperaba: a un hombre sencillo, cercano y movido por el convencimiento de que es la ciencia la que debe recoger el testigo de asuntos que durante mucho tiempo han sido propiedad del misterio y la leyenda, pero que pueden y merecen ser estudiados de un modo riguroso. A los pocos segundos de hablar con él pude confirmar el motivo por el que disfruto escuchando sus exposiciones: a pesar de sus amplios conocimientos y de la complejidad que éstos encierran, el doctor Pertierra encuentra siempre el modo de transmitirlos de forma sencilla y didáctica.

Han pasado cuatro años desde que vio la luz su libro sobre ECM, «La última puerta», pero ésta era la cuestión sobre la que quería conversar con el doctor, pues creo que es un tema muy relevante cuya investigación puede deparar importantes sorpresas.

 

Hace ya mucho tiempo que se habla de las experiencias cercanas a la muerte y, tal y como comentas en el libro, ha habido tiempo y ocasiones para que entre colegas hayáis hablado del tema. ¿Qué se dice en la actualidad en el entorno de la medicina? ¿Qué actitud hay?

 

En los últimos años ha habido un giro de actitud respecto a las ECM. Hace unos años era un tema tabú; era muy difícil encontrar a alguien que quisiera compartir en público las experiencias. Ahora, poco a poco, hay personas que se van abriendo. En congresos y en otros lugares donde se habla de ECM, te vas encontrando cada vez con más compañeros, entre médicos, enfermeras y personal sanitario, que no sólo están abiertos, sino que muestran interés en saber lo que ocurre cuando alguien experimenta una ECM. Yo he tenido la ocasión de realizar charlas en lugares como el Colegio de Médicos de Málaga, cosa que hace diez años habría sido totalmente impensable, y ver como compañeros de toda España hablaban del tema abiertamente. Yo creo que ha habido una apertura de mente muy positiva.

 

Imagino que estaban esperando el momento muchos profesionales que no estaban dispuestos a ser los primeros en dar el paso.

 

La información estaba ahí, pero había miedo al ridículo y al desprestigio. En medicina, al menos antes, una frase pronunciada en el lugar y momento equivocados podía provocarte muchos problemas. En cuanto se han abierto las puertas, compañeros de hospitales, centros de salud, etc., han encontrado la ocasión de contar experiencias que tenían guardadas; la mayoría de pacientes, pero también propias.

 

¿Hay mucha diferencia entre cómo se está abordando la cuestión en España y en otros países?

 

Curiosamente, hace algún tiempo había países como Estados Unidos o Reino Unido que siempre eran pioneros; pero en la actualidad en España se están desarrollando experimentos punteros de todo tipo. Es cierto que con frecuencia tropezamos con la falta de presupuesto por parte de las instituciones, que son las que pueden sufragar los costes de una determinada investigación, pero hay lugares en España como Murcia, Alicante o Cartagena, entre otros, en los que se está investigando el fenómeno de las ECM desde un punto de vista científico. No sólo se están recopilando datos, sino que se están realizando pruebas por parte de diferentes tipos de especialistas destinadas a saber qué sucede durante una ECM.

 

Quien conoce este asunto de modo superficial, quien lo ve desde fuera, puede tener la sensación de que se está en una especie de callejón sin salida, que se recopilan casos y más casos, pero que no se logran avances significativos. ¿Hay razones para ser optimistas y pensar que en un tiempo no excesivamente lejano se podrán sacar conclusiones relevantes?

 

Más que un callejón sin salida, yo diría que nos queda un largo camino para llegar a la conclusión final. Se pueden recoger miles, cientos de miles o millones de casos; lo que demuestra que es una realidad que está ahí. El objetivo es apellidarla y lograr explicar qué ocurre. Ahora mismo nos falta tecnología; podemos hacer electroencefalogramas, resognancias magnéticas dinámicas o tractografías, pero nos falta esa tecnología que todavía no ha llegado y que puede ser fundamental, igual que hoy tenemos medios que hace unos años eran impensables. Creo que la llegada de esa tecnología nos permitirá comprender mucho mejor lo que sucede y que incluso nos dará la respuesta, sea cual sea. Cada investigador puede tener su propia hipótesis de trabajo, pero al final habrá una única realidad que acabaremos conociendo.

 

Uno de los aspectos más relevantes de las ECM es el cambio que experimentan las personas que viven este tipo de experiencia, cambios en su forma de entender y vivir la vida que en algunos casos llegan a ser radicales. Hay quien puede pensar que ese cambio tiene que ver con haber visto de cerca a la muerte, sin embargo, ¿qué diferencia habría entre quienes han estado a punto de morir y quienes, además, han vivido una ECM?

 

El cambio es completamente distinto. Es cierto que estar cerca de la muerte puede provocar que te replantees ciertas cosas, pero el cambio de actitud de una persona que ha pasado por una ECM es muy diferente. Se trata de un cambio sustancial que afecta muy positivamente a su calidad de vida. ¿Qué ocurre para que sea así? Sinceramente no tengo la respuesta. He tenido ocasión de conocer a muchas personas que han estado al borde de la muerte y su vida no ha cambiado de forma significativa; sin embargo, esa transformación es una de las características más frecuentes y relevantes de las ECM.

 

¿Cómo afectan las creencias previas a la experiencia? Si lo hacen...

 

No influyen en que se tenga o no la experiencia, pero sí en su interpretación. Un cristiano puede ver a Jesucristo, un judió a Yahvé o un musulmán a Mahoma. La psicología dice que uno interpreta lo que puede interpretar desde su punto de vista; difícilmente un cristiano va a ver a Mahoma o un musulmán a Yahvé.

 

Leyendo el libro deduje que existe un problema muy importante con el lenguaje, que se queda corto para describir este tipo de experiencias.

 

Desde luego. Imagínate que alguien te pide que definas una gama de colores con palabras; yo no sería capaz de hacerlo. Yo no sabría cómo explicarle a una persona que nunca ha visto los colores qué es un azul, un verde o un rojo. El lenguaje sirve para transmitir algunos conceptos, pero no alcanza a describir otros. Dicen que vale más una imagen que mil palabras, y en este tipo de vivencias se producen situaciones que, por mucho que intenten explicártelo, si no lo has vivido, no lo vas a comprender.

 

Hay ECM en las que la persona ofrece información que se puede contrastar; son los casos más desconcertantes. Sin embargo, hay otras en las que no es posible llevar a cabo ningún tipo de comprobación. Para estos casos, ¿hay algún elemento que aporte más credibilidad o más relevancia a una experiencia que a otra?

 

Todas y cada una de las experiencias son importantes. Evidentemente, cuando alguien te describe un material quirúrgico raro, cómo estaban dispuestas las diferentes personas que había en el quirófano o qué sucedía en su casa en ese momento, te hace pensar que ahí ha sucedido algo extraño. Cuando alguien únicamente te dice que ha visto a la gente desde arriba o que ha entrado en un túnel, es difícil poner o no el sello de veracidad. Puede ser fruto de la imaginación o de otra serie de circunstancias, aunque eso no excluye la posibilidad de que la vivencia haya sido real. Es cuando sucede algo extraordiario que va más allá de los patrones comunes, ya definidos en su momento por Raymond Moody, cuando hay que prestar especial atención. Por ejemplo, cuando ves que a una persona, tras vivir esta experiencia, se le han desarrollado capacidades especiales como la precognición. Yo me he visto sorprendido por casos que son un verdadero desafío contra la lógica científica. O cuando alguien descubre una habitación secreta y en cuanto puede se pone a pegar mazazos hasta que logra comprobar que en efecto la habitación existe.

 

¿Hay constancia de experiencias parecidas en personas que no hayan llegado a estar cerca de la muerte?

 

Sí, de hecho hay personas que han vivido una ECM por una hipotensión o una bajada de azúcar; con pérdida de conciencia, pero sin parada cardiaca. Cada vez se registran más casos de este tipo. La idea de que es necesaria la parada cardiaca se debe a los primeros casos que se recogieron, donde era una característica siempre presente. Los estudios de Pim van Lommel publicados en The Lancet en 2001, por ejemplo, hacen siempre referencia a pacientes que habían sufrido una parada cardiaca. En cambio, se ha comprobado que hay muchísimos casos relacionados con diferentes episodios que provocan la pérdida de conciencia sin necesidad de parada cardiaca.

 

Existe una explicación «ortodoxa», científica, que describe qué sucede durante una ECM; una explicación que, lógicamente, no acepta teorías «fantásticas». ¿Cuál es, a grandes rasgos, y en qué falla o qué no es capaz de explicar?

 

Evidentemente, la medicina tiene que intentar explicar qué ocurre. Algunos científicos, como la doctora Blackmore, indican que causas como la pérdida de oxígeno en el cerebro o el aumento del anhídrido carbónico pueden provocar que, al dilatarse las pupilas y tener los párpados cerrados, se produzca ese efecto túnel. Por otra parte, la intoxicación por acumulación de dióxido de carbono puede provocar alucinaciones, como les sucede a quienes padecen enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Algunos medicamentos también pueden desencadenar experiencias parecidas a las ECM. Existen experimentos, como los realizados con el famoso «casco de Dios», que logran provocar alucinaciones mediante la estimulación del lóbulo temporal. Sin embargo, hay que decir, por ejemplo, que algunas personas ven un túnel, pero no hay luz al fondo. O que, como decíamos antes, hay pacientes capaces de relatar lo que estaba sucediendo en el quirófano e incluso fuera de éste. Ahí es donde, de momento, no llega la ciencia.

 

Después de tanto tiempo investigando, ¿qué te pasa por la cabeza? ¿Cuál es tu opinión personal sobre las ECM?

 

Mi opinión es que «algo» ocurre; algo para lo que todavía no tenemos una respuesta. Un científico siempre busca respuestas; lo que sucede es que a medida que vamos investigando, en lugar de obtener la respuesta, cada vez tenemos más preguntas. Aun así, poco a poco vamos dando pequeños pasos y obteniendo pequeñas respuestas que van abriendo nuevos campos de investigación. Yo creo que tardaremos más o tardaremos menos, no lo sé, pero que llegaremos a saber lo que sucede durante una ECM y qué pasa en el momento de la muerte. Hay evidencias muy importantes que están ahí y que no podemos obviar.

 

Han pasado cuatro años desde la publicación del libro. Imagino que habrás conocido más casos y que dispondrás de información nueva. ¿Se han producido cambios significativos en la investigación de las ECM durante este tiempo? ¿Has cambiado tu opinión acerca de algo que dijiste en el libro?

 

Curiosamente, después de la publicación del libro me han llegado más casos que los que pude recoger en diecisiete años; hay muchas personas que te buscan para contarte su experiencia. Actualmente colaboro en diversas investigaciones, como la del Hospital Virgen de la Arrixaca en Murcia, donde mediante pruebas como la resonancia magnética dinámica podemos ver qué partes del cerebro se activan en función de lo que pensamos. Este tipo de prueba, que serviría incluso como «máquina de la verdad», y otro tipo de experimentos nos están dando información muy interesante que va abriendo nuevas vías de investigación.

 

Después de mucho tiempo recopilando casos, tú, en primera persona, sufres un accidente y experimentas una ECM. ¿Cómo encajas esa experiencia? ¿Influyó de algún modo en la publicación del libro?

 

Después del accidente que provocó la experiencia pasaron varios años. Yo había estado investigando por curiosidad propia; tenía mis apuntes y mis datos, pero no tenía intención alguna de publicar un libro sobre el tema. Fue mi amigo Enrique de Vicente quien después de una comida me hizo una «encerrona» llevándome a la editorial; él conocía la información y opinaba que era una pena que no se divulgara. En ese momento me quedé ojiplático, pero ahora estoy satisfecho y contento de haber compartido mis investigaciones con muchas personas que a través del libro han podido acercarse al tema. De no haberlo hecho, con el tiempo todo se habría perdido.

 

En el libro haces referencia en muchas ocasiones al debate casualidad/causalidad. Me imagino que le habrás dado muchas vueltas a qué papel jugó en todo esto que tú experimentaras una ECM; porque es mucha «casualidad», ¿no?

 

Yo soy muy causalista. La experiencia que me va proporcionando el día a día me lleva a pensar que la casualidad en cuestiones esenciales no existe. No es que estemos obligados a seguir un camino determinado, pero hay ítems en nuestra vida que se van a cumplir hagamos lo que hagamos. Muchas veces, estar en el lugar inadecuado en el momento inadecuado puede provocar, como fue mi caso, que tengas un accidente de tráfico. Si hubiera pasado diez segundos antes o diez segundos después, no habría tenido ese accidente; a lo mejor me habría pasado otra cosa. Ahora se habla tanto de la física cuántica y de las realidades múltiples que quién sabe. Todo habría sido muy distinto; ahora, posiblemente, no estaría hablando contigo de estos temas, estaría pasando consulta, operando, investigando o haciendo cualquier otra cosa. En cambio, mi camino viró y ahora hablo de estos temas porque quiero compartirlo con otras personas.

 

Para finalizar, y casi como enlace con lo que puede ser una futura entrevista, hay un tipo de experiencias que no es exactamente una ECM, pero que está muy relacionada y que a mí me llama especialmente la atención. Me refiero a la visita de familiares fallecidos en los momentos previos a la muerte. ¿Qué opinas acerca de este tipo de experiencias?

 

Existen ECM en las que se presentan amigos y familiares; a veces, como comento en el libro, para decirles que se van a curar de una enfermedad que para nosotros era médicamente incurable. En otras ocasiones esos familiares se presentan para acompañar a esa persona en el tránsito de la muerte y para tranquilizarla. Llama la atención que muchas personas, cuando van a fallecer, llamen a familiares cercanos que están muertos. Curiosamente, también hay ocasiones en las que se manifiestan familiares que no han fallecido. Evidentemente, la medicina más cientifista te diría que es una alucinación producida por el cerebro en esa última lucha por mantener la vida. En el libro expongo el caso de una persona que, teniendo un tumor terrible, cuenta que su hermano aparece en la ECM y le dice que no va a fallecer. Yo pensé que era un mecanismo del cerebro para afrontar esos últimos momentos de vida que le quedaban, pero el tumor comenzó a remitir y, con la ayuda médica correspondiente, acabó desapareciendo.

La aparición de familiares es algo bastante común. ¿Por qué ocurre? No tenemos la respuesta; quedan muchas preguntas por responder. El mismo Raymond Moody está investingando en la actualidad ECM de personas que son acompañados por sus familiares. Se trata de un campo de investigación interesantísimo, abierto y sobre el que tenemos que seguir trabajando.

 

El doctor Pertierra está convencido de que algún día habrá una respuesta definitiva que explicará qué sucede durante lo que hoy conocemos como experiencias cercanas a la muerte. Eso sí, advierte que el «cuándo» es otra incógnita más, ya que el camino por recorrer parece todavía muy largo. Cuando llegue ese día puede que suponga una enorme decepción; pero también es posible que sea la respuesta, al menos en parte, a la más eterna de las preguntas.

Conversar con Miguel Ángel Pertierra fue un auténtico placer y espero que no pase mucho tiempo hasta poder volver a hacerlo. Mientras algunos no paramos de hacer preguntas acerca de todo cuanto se nos ocurre, hay por fortuna buenos profesionales trabajando en la búsqueda de las respuestas correspondientes. Los resultados han llegado, llegan y seguirán llegando. Algún día, una de esas respuestas cambiará nuestra perspectiva acerca de todo.